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¿Cómo se pone a dieta a un niño sin morir en el intento?

¿Cómo se pone a dieta a un niño sin morir en el intento?

Quienes me conocéis ya sabéis que siempre he sido gorda. Sí, de hueso ancho, una niña grande, fuerte…lo que queráis. Pero gorda.

Todavía recuerdo el día en que conocí en persona a Lydia Peters porque me dijo: “Lo sabía, sabía que eras delgada, ¿por qué hablas como si estuvieras gorda”? Y es que para mi ser gordita es como ser scout: se es siempre, siempre tienes en tu mente la lucha que tenías con tu cuerpo.

Y esta lucha se convirtió en una auténtica guerra en uno de los últimos ingresos de Paula en el hospital, hace ya un par de años. Diría que fue el noveno o décimo ingreso, porque por aquel entonces tenía tan solo 7 años pero una gran experiencia como huésped de los hospitales.

Aquel ingreso fue especial. Estábamos solas en la habitación y pasábamos  horas dibujando y pintando. Y en aquel ingreso, la pediatra me dijo claramente algo que otros pediatras ya habían insinuado: Paula tenía que perder peso. Según ella, para su altura era ya una niña obesa y eso no convenía en absoluto a su aparato respiratorio. Por supuesto, la culpa me acompañó en aquellos momentos. A pesar de saber que Paula no comía en exceso, que no se atiborraba de dulces, ¿de quién si no era la culpa? Todas las malasmadres sabemos que lo postivo es suerte, lo negativo es culpa nuestra.

Recuerdo perfectamente el momento en que, después de salir la pediatra, me senté a hablar con Paula. Ella, con su pijama sin botones y 4 tallas más grande, cortesía de los recortes en Sanidad, su mascarilla con oxígeno puesta y los ojillos vidriosos;  y yo contándole que, a partir de ahora, debíamos intentar llevar una vida más sana. Que teníamos que intentar comer más fruta y verdura, comer menos yogures de sabores, que si nos daban chuches en un cumple elegiríamos solo un par, y que a la yaya le diríamos que al cole no nos trajera galletas ni huevos kínder. Ella me dijo: ”Mamá, ¿es porque estoy gorda?”. Me desarmó. Respiré hondo y le dije: “No, cielo. La médica ha dicho que, para estar sana hay que perder un poquito de peso. Pero no es por estar delgada o gorda, sino por estar sana. Tu así ya eres preciosa, pero queremos que estés sana”. Ella me miraba con esas cejas que hablan solas, y me dijo “Siempre me da la sensación de que la gente me dice esas cosas porque soy gorda, pero tú me lo sabes decir sin que  me duela”. Paula. 7 años por aquel entonces…ahí es “ná”.

Y ahí empezó la verdadera lucha. Unos meses antes, yo ya me había iniciado en el mundillo “sin azúcares”. Gracias a mi amiga Ely conocí el “Reto 7 días, 0% azúcares” que dirige una gran profesional: Natàlia Calvet Si sois personas sin tiempo que necesitáis cuidaros y quereros, no os perdáis su perfil.

Ella plantea este reto para concienciarnos de la cantidad de azúcares añadidos que, al cabo de un día, acabamos ingiriendo. Creo que no obtuve éxito rotundo hasta el tercer reto. Al principio pensaba que era algo muy fácil: total, con quitarme el dulce…pero no. El azúcar (añadido) es la niña de la curva de los alimentos: está en todas partes: está en el jamón serrano, en el pan integral, en el tomate de los macarrones.

Mis principios en esto fueron un caos, y antes de sumergir a mi familia en esta nueva andadura alimenticia, necesitaba verme capaz de llevarla a cabo. Después de comprar “súper alimentos” como avena, soja texturizada, chía, quinoa…y no saber muy bien qué hacer con ellos con la pasta que valen, llegué a varias conclusiones:

  1. Se acabó derrapar por los pasillos del súper. La hora de hacer la compra hay que hacerla conscientemente y leyendo etiquetas. Porque resulta que, la niña de la curva tiene más de 100 nombres distintos y se acaba colando en tu compra bajo el nombre de “jarabe de” “sirope de”, cosas que acaban en –osa, cosas que acaban en –tol y mil historias más. Hasta la pasta de dientes lleva azúcar
  2. Lo mejor para no caer en confusiones es comprar frutas y verduras, o como dice Carlos Ríos “más mercado y menos súper mercado”. Consumir cosas que no lleven lista de ingredientes, que si la llevan sea una lista de 3 o 4 cosas, y que esas 4 cosas mi abuela las entendería si las leyera.
  3. Decir adiós a las harinas refinadas también fue complicado pero gratificante.
  4. Instruirme en este mundo. Necesitaba saber qué, por qué, para qué hacía todo esto. Además de horas en Internet, leí los libros “Lo que dice la ciencia para adelgazar” y “Lo que dice la ciencia sobre dietas, alimentación y salud” , ambos recomendación de @nitanhealthynitanfit , que me ayudaron a entender los efectos de ciertos alimentos sobre el cuerpo. Y sobre todo, me ayudaron a ilustrar a la pequeña Paula. Aún recuerdo cuando le dije que el azúcar que comemos son hooligans entrando en un  estadio, y que el páncreas soltaba insulina que son los antidisturbios. Si cada vez entran más hooligans y más rápido, llega un momento que los anti disturbios no dan abasto y el estadio se viene abajo. Le emocionó bastante saber que dentro de su cuerpo había tanta actividad. Teníamos que empezar a comer sano, para que en el estadio entrara gente civilizada y su páncreas no se pasara la vida tocando la sirena.
  5. Yo creo que este es el 70% del éxito del proceso: cambiar la actitud hacia la comida. La comida es alimento y no premio. Cuántas veces no habré hecho ese exceso mientras decía “me lo he ganado, me lo merezco”. Una de las partes complicadas del proceso fue esta: había que cambiar los hábitos sin que fuera un castigo. Había que tomar la decisión más saludable. Había que explicarle a una niña de 7 años que elegir manzana para merendar es mejor que elegir galleta de chocolate. Y recalco el término elegir porque ha costado, pero hemos llegado ahí.
  6. Que lo perfecto no sea enemigo de lo bueno. Que manía de ser perfectos, que agotador. No existen fallos aquí, esto no es un examen. Hay días de excesos, y lo único importante es tener claro que el exceso es algo puntual. Que si vamos a un cumpleaños comemos  tarta y bebemos coca cola y no pasa nada. Porque es algo puntal. Punto.

Este resumen tan sencillo me ha costado dos años. En esos dos años he visto a Paula, no pasar hambre, pero sí deseo. Mirarme con cara de póquer cuando le llevaba para merendar un caqui y sus amigos llevaban galletas de Dinosaurios y pasteles de Bob Esponja y mientras se lo daba le decía “tu páncreas te lo agradecerá”. A saber que pensaría ella en ese momento.

Y ahora que hablamos de esto, os contaré otra gran pelea: la que he tenido contra la gente con incontinencia verbal y diarrea mental. La gente que no puede guardarse esa opinión que nadie le pide.

Todavía recuerdo el primer cumpleaños al que fuimos después de empezar con este cambio en casa. Recuerdo sentarme con Paula y decirle esa frase en valenciano que lo resume todo: “Coneiximent”. Si vamos a un cumple, comemos lo que nos apetezca pero sin atiborrarnos. Comemos un trozo de tarta, lo disfrutamos pero no repetimos. Y la niña conforme. Ella es así.

Bueno, pues cuando llegó el momento de la tarta, la madre del cumpleañero quiso ponerle a Paula otro trozo, sin preguntarle, porque la vio con buen apetito. Y mi niña, con la boca muy pequeña le dijo “es que yo no puedo repetir”. Así que la madre del cumple, muy bromista, vino a decirme sonriendo que no fuera tan bruja, que dejara a la niña comer lo que quisiera. Y yo le dije que no, que había comido un trocito y ya estaba bien.  Tanto insistió que le tuve que pedir por favor que no insistiera más porque estamos intentando que Paula pierda un poquito de peso. Respuesta: ¡Pero bueno, qué tontería! Si la niña está estupenda, pobrecita! Dos minutos después la oí diciéndole a otra mamá que, la verdad es que ya era hora de que hiciera algo, “porque la niña está que parece un globo”. Palabras textuales. Si me lees, no te preocupes que no te guardo rencor. Es anecdótico, pero te recomiendo que filtres un poquito. De nada.

A toda esta aventura hay que añadir que mi hogar está hecho de retales, somos una “familia Patchwork”, en la que mi amado no marido aporta otra nena. Con otra casa, otras costumbres, y otra alimentación en la que una o media pieza de fruta al día es más que suficiente. Así que ha habido una parte fundamental para que todo esto funcionara: la planificación.

Pasé horas los domingos por la tarde cocinando, viendo blogs de cocina, recetas en You Tube, siguiendo en Instagram a todos los nutricionistas del planeta que me ayudaran a comer sano, fácil, rápido, barato (Gabriela Uriarte, Aitor Sánchez , Roberto Vidal…A veces tenía en marcha el horno, los fuegos, la olla eléctrica…Probando un millón de recetas para ver qué cosas podíamos incorporar a los menús semanales, teniendo en cuenta que hay cosas que le gustan a una y a la otra no, que hay días que somos dos, otros somos tres, y otros 4. Y lo más importante: que en esta casa todos comemos lo mismo y no se cocina a la carta.

Otra de las batallas que tuve que librar fue la de la palatabilidad: luchar contra el sabor híper agradable y dulce que tiene todo. Yo, que me ponía sacarina hasta en el Nesquick, todavía recuerdo la sensación de mi primer café con leche sin endulzar; como se me empezaron a erizar todos los vellos desde la rabadilla hasta la nuca…qué horror. Lo mismo cuando me comí el primer yogur natural sin edulcorar. ¿Cómo iba a conseguir que Paula dejara de tomar azúcar? ¿Y el Nesquick? Me parecía imposible, pero lo hemos conseguido.  Hemos aprendido a a apreciar todos los sabores, porque el café es amargo. Y si te gusta el café dulce, lo que te gusta no es café sino el azúcar. Os voy a contar cómo se abandonó el kétchup en casa en 3 sencillos pasos:

  1. Coges un bote de kétchup y lo vacías.
  2. Metes dentro el tomate frito 0% azúcares del super
  3. Cuando te digan “sabe raro” “este “kétchup esta malo” tú dices que es de otra clase de tomates y sigues con tu vida como si nada. Es lo que hay hasta que se termine

En el tema  de incorporar nuevos alimentos, sabía que había cosas que Paula decía que no le gustaban sólo porque no le gustaba su aspecto. Solución: nos inventamos el juego de las “catas a ciegas” Yo le vendaba los ojos y le daba a probar una verdura nueva. Así hemos conseguido darla bienvenida al brócoli y los espárragos, por ejemplo.

Todo este camino lo hemos recorrido en los últimos dos años. Esta incorporación de nuevos hábitos nos ha beneficiado a todos en casa y sin embargo, venía observando que en mi hija era en quien menos se notaba. A pesar de ser quien menos cantidades come, a pesar de haber cambiado su actitud ante la comida, a pesar de su madurez y de haber incorporado estos nuevos hábitos; todo esto lo empezamos hace dos años porque todos los médicos que la trataban (alergólogo, neumólogo, pediatra de cabecera…) estaban de acuerdo en que la pérdida de peso era necesaria para ella. Quiero aclarar que, a todo esto también incorporamos mayor tiempo de ejercicio; ya que seguíamos con la natación y además empezó a jugar a baloncesto. Y como lo que no se hace por un hijo no se hace por nadie, hasta empecé a salir a correr para salir con ella; ratitos pequeños, series cortitas y a su ritmo. La experiencia no le sedujo especialmente, así que empezó a salir ella patinando y yo corriendo…y ya las últimas veces me decía que saliera yo, que a ella no le apetecía. Y así abandonamos el running que yo espero retomar en un futuro no muy lejano.

Todo esto me llevó a pensar que podía haber algo más, que quizás algo se me escapaba. Podría haber un problema de tiroides o de resistencia a la insulina. Así que fui a hablar con su pediatra y le expuse todo esto que os he contado; y a ella le pareció lógico el planteamiento, así que pidió una analítica completa. Del día de la extracción, os cuento más adelante.

La sorpresa vino el día que me dieron los resultados: “Está perfecta y sana, todo está como debe estar”, dijo la pediatra. Y ante la ausencia de asteriscos, yo solo pude decir “Pues entonces ya no entiendo nada”.

Pero ya estaba allí la persona indicada para arrojar luz a todas mis sombras. Mientras yo hablaba con la pediatra y expresaba mi preocupación porque, a pesar de este cambio de hábitos prolongado en el tiempo, todos estábamos notando los efectos en casa menos ella, que era por quien empezamos con todo esto, la enfermera que estaba vacunando a Paula para su alergia no pudo resistirse; y recuerdo perfectamente esta escena en la que, me cogió con dos dedos por la manga de la camisa  y me apartó un poco hacia un lado, donde Paula no nos oyera y con toda la condescendencia que cabía en su cuerpo, mientras entornaba los ojos me dijo que debería tener un poquito de cuidado con el mensaje que le estoy lanzando a mi hija, que me estoy obsesionando y que mi hija es preciosa y sana, sólo que (y aquí me descubrió ella solita la fórmula de la Coca cola) es una “NIÑA GRANDE”, que ya hará “EL CAMBIO” y que con estas cosas podía perjudicarla, porque “mi actitud no era la adecuada” Insinuó que yo me avergonzaba de mi hija.

Y entonces ocurrió. Un calor inmenso me subió por la boca del estómago y tuve que respirar muy hondo para verbalizar sin ser maleducada todo lo que pasaba por mi mente tras esta aventura de dos años:

“¿Cómo díce? ¿YO tengo que tener cuidado con el mensaje que le estoy lanzando a mi hija? Le voy a contar lo que pasó aquí, en este mismo centro de salud hace una semana, cuando vinimos a sacarle sangre a la niña para la analítica: su compañera de extracciones no pudo callarse, y en cuanto cogió el brazo de la niña, me miró y me dijo que ”a esta niña hay que ponerla a dieta porque no se le ven ni las venas” y yo le dije que por eso estábamos ahí precisamente, porque Paula lleva una muy buena alimentación y no nos explicamos su sobrepeso”

La enfermera quiso disculpar a su compañera, pero no la dejé terminar: “Le voy a decir más: el primer día que entramos por esa puerta, el primer día que la vacunó, tampoco pudo contenerse, y sin preguntarnos nada, sin saber nada, me dijo “Mamá, la alimentación de Paula hay que cuidarla un poquito; menos chuches y más frutas”. A lo que yo le respondí que habría pocos niños de su edad que llevaran una alimentación tan cuidada como llevaba ella. Yo estaba on fire totalmente, no había quien me parara.

Se disculpó, y me dijo que lo sentía, que no lo recordaba. Pero yo seguí. “ya, pero ese es el problema. Usted lo suelta, y cuando entra el siguiente niño ya no se acuerda de lo que le ha dicho. Pero mi hija salió de aquí llorando, preguntándome si eso se lo había dicho porque ella es gorda. Y  yo le dije que no, que se lo había dicho porque es muy maleducada y no puede aguantarse las ganas de opinar aunque nadie le pregunte. Así que no venga usted ahora a decirme que tenga cuidado yo con el mensaje que le estoy lanzando a mi hija, porque mi hija es maravillosa como es, y ella lo sabe, no tiene ningún complejo, pero al final, entre todos los “profesionales” que la tratan, se lo van a provocar”

Aproveché también para hablar de la hipocresía superlativa de la Sanidad, en la que mientras los médicos te dicen que tiene que perder peso, entran las bandejas con patatas fritas, pan blanco, chocolate en polvo, natillas…y un sinfín de mierdas varias. O como el sello de la AEP aparece en cualquier veneno ultraprocesado. Y la pediatra asentía con resignación.

Y cuando solté todo lo que estos dos años había estado almacenando sin darme cuenta, me calmé, la enfermera se disculpó de nuevo, y me fui con mi niña de la mano.

No me podía creer, después de dos años oyendo y leyendo en cada parte médico que la niña tiene obesidad, sobrepeso, etc…que ahora me quisieran decir que el problema me lo estaba inventando yo ¿en serio? Y que tenga cuidado con decirlo delante de la niña…como si ella no entendiera lo que están diciendo cuando alguien dice “la niña tiene que perder peso”

Una vez más, la lección más valiosa me la dio ella, con sus 8 años y esos ojos que hablan solos. Mientras yo hablaba sin freno, con vehemencia y con algo de contención, ella me miraba con una mezcla de sorpresa y orgullo. Paula entendía a la perfección todo lo que allí estaba pasando porque ella lo había vivido junto a mi y así me lo dijo cuando salimos por la puerta y le dije, muy seria: “Paula cariño, estoy contenta porque estás sana, no te pasa nada que es lo importante, así que nosotras a lo nuestro porque lo que estamos haciendo está bien”.

Y ella sentenció: “Si mamá, tienes razón en todo lo que le decías, porque tu siempre me defiendes y me enseñas a hacer las cosas para que me sienta mejor, y sé que te esfuerzas para ayudarme!”. Y con estas palabras siento que sí, que ha sido todo un éxito todo este camino.

La conclusión a la que he llegado es que yo le estoy lanzando a mi hija un mensaje muy valioso cada vez que me dice que alguien la insulta o se ríe de ella por su peso; y es que gente bocazas nos vamos a encontrar en todas partes, y no la podemos evitar, sólo podemos gestionar cómo nos tomamos las cosas que nos dicen; y que las únicas opiniones que deben importarnos son , en primer lugar la nuestra, y la de las personas que nos quieren de verdad. Que un insulto es como un regalo: si no lo aceptas no te pertenece y es de quien te lo está dando.Después de toda esta aventura, me he relajado porque todo está bien, está sana, y lo más importante: ya ha interiorizado los hábitos saludables, ya sabe tomar buenas decisiones y ser consecuente y su actitud ante la comida y la alimentación es muy buena.

Y yo he conseguido quitarme de encima ese sentimiento de culpa, he conseguido como dice mi admiradísima MakeupDecor, súper blogger del año “ponerme el traje de trucha” y que todo me resbale un poco. Ahora soy un hacha en la cocina que vive en modo Mama Louise, haciendo mi propio pan, mi propia mermelada;  mi madre me ve en la cocina y los ojos le hacen chiribitas. Y mi hija es feliz.

En todo este camino tengo que darle las gracias a Natàlia por llevarme de la manita con tanta profesionalidad como cariño: infinitas gracias; a Blanca porque es un hada sugar free; a mi madre por poner de su parte tanto y cambiar huevos kínder por fresones, a mi Dieguito porque siempre siempre me coge de la mano y nunca me suelta, y a Paula porque me ha enseñado lo que más me gusta ser en el mundo: Mamá.

Cada amanecer es un nuevo reto.

 

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Exceso de equipaje

Exceso de equipaje

Una de las cosas que más ilusionan cuando empiezas un viaje, es preparar el equipaje. Primero pones todo lo esencial, lo que sin ninguna duda necesitarás en el camino, e incluso cuando llegues al destino. Y luego llegan los “por si acaso”, que siempre quedan encima de lo primordial, y cuando los estás poniendo no te paras a pensar en la cantidad de espacio que ocupan, lo que pueden llegar a pesar cuando lleves días de viaje. Pero te empeñas en meterlos. Por si acaso.

Y empiezas tu viaje, con lo esencial y lo accesorio.  En un punto del camino, sin darte cuenta y con toda la buena fe, pensando que es lo mejor para facilitar el trayecto, decides meter en tu mochila (que es más grande) cosas que no te pertenecen, que son de quien te acompaña, pero le pesan tanto y tienes tantas ganas de llegar y seguir con ese viaje soñado, que sigues cargando y cargando.

Lo haces de corazón, porque si aligeras a tu compañero, seguro que el viaje será más agradable. Y tus cosas, las que estaban al fondo, las primeras que metiste porque eran absolutamente necesarias, quedan muy abajo, muy apretadas.

Sigue el trayecto, y en el camino vas adquiriendo más cosas, porque crees que en ese momento son necesarias, porque crees que puedes necesitarlas más adelante…o simplemente porque en ese punto del camino, todos las adquieren y tú no vas a ser menos.

Y el camino sigue. La mochila pesa más y más, y ese peso cuesta más de llevar cada día. O te rindes y paras el viaje, o el peso acabará con tu cuerpo.

Ha llegado el momento de sentarse, abrir la mochila y descargar. Priorizar. El momento duro de enfrentarte a todas las cosas que has acumulado y metido sin mirar en la mochila. De algunas te despojas sin miramientos, pensando únicamente “y para qué demonios quiero yo esto?”. Otras las miras y remiras, recordando lo útiles que fueron en su día, pero ya no las necesitas. Esa es la pura verdad. Hay cosas que no forman parte de ti, y no caben en tu viaje. Fuera.

Otras las metiste en la mochila pensando que al llegar a tu destino serían imprescindibles. Pero los planes, como las promesas, cobran el sentido más absoluto cuando se rompen. Y te das cuenta de que ya no te harán falta, porque ese viaje ha dejado de ser como lo habías proyectado.  La mayoría de esas cosas, no eran tuyas. Las descargaste de la mochila de tu compañero para hacérselo más llevadero, al igual que tu compañero hizo contigo. Te llevó cosas que no le pertenecían sólo porque no eras capaz de desprenderte de ellas. Y tras ese intercambio, el camino se bifurca y decides que quieres hacer tu viaje, el que tú habías pensado.

Llega el momento de mirar al fondo de la mochila, donde está lo necesario. Lo que es tuyo y sólo tuyo. Más bien lo que eres tú. Está ahí al fondo. Seguramente un poco deformado por el peso y los golpes que ha sufrido durante el viaje, porque como lo importante era llegar, no te preocupaste demasiado de protegerlo. Quizás haya alguna de esas cosas que necesiten un remiendo, quizás otras hayan quedado inservibles y tengas que sustituirlas…Pero sólo con lo esencial continuas caminando, y durante un tiempo lo haces sóla, empezando a proteger esas poquitas cosas que llevas en esa mochila, que ahora eres consciente de que era  demasiado grande. De ahí la sobrecarga: diste por hecho que podías cargar tantas cosas como cupiesen en esa mochila.

Decides cambiar esa mochila por una algo más pequeña, porque ahora has aprendido a priorizar, y el trayecto cobra más importancia que el destino.

Y con mucha suerte, encuentras a alguien en el camino. Una grata compañía, que lleva una mochila muy parecida a la tuya. Tus cosas no le caben, ni a ti las suyas. Pero te ofrece esa holgura por si en  un momento determinado necesitas desprenderte momentáneamente de algo. Ya no hay promesas de cargar con pesos que no correspondan, simplemente de sostener el peso del otro si es preciso, y siendo muy conscientes de a quién pertenece cada mochila. Cada uno con sus cosas esenciales, y con el firme pacto de no apropiarse del espacio del otro.

Y en este punto del camino, con una mochila más pequeña, sigo remendado aquello que quedó abajo, aplastado por el peso y deformado por la falta de espacio, pero que poco a poco se va reponiendo y ocupando el lugar que le corresponde. Esas cosas son todo lo que soy.”Por si acaso”, cargué mi mochila con un poco de miedo, puede que con algo de rencor, pena, responsabilidad…algunas mías y otras no. Hoy decido soltarlas, no caben en mi mochila, no las quiero en mi viaje.

Dejo todo el sitio para adquirir cosas que vayan haciéndome falta a lo largo del camino, y sobre todo de buenos recuerdos, que no pesan y caben en cualquier lugar.

Y siempre una mano libre, para coger la de quien me acompaña en este viaje, y que nos podamos llevar la mochila en uno al otro a ratitos, sin apropiarnos de lo que no sea de nuestra propiedad. Sin promesas de cargar eternamente con el peso del otro, y sin olvidarnos nunca de lo importantes que son esas cosas que son sólo nuestras, esas cosas que metimos primero en la mochila. Si ponemos algo en la mochila del otro, serán detalles, no accesorios.

Gracias a todos los que de vez en cuando, me ayudáis a rebuscar en el fondo de mi mochila y me recordáis qué es esencial, qué es accesorio y que cosas no me pertenecen.

Y gracias a ti, Diego, por empezar a mi lado este viaje. Ni unos pasos por delante ni por detrás, simplemente a mi lado.exceso equipaje

 

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Un nuevo comienzo

Un nuevo comienzo

Este es posiblemente el post más difícil de escribir desde que, hace por estas fechas ya 3 años, nació este blog.
Llevo días intentando explicar, buscar las palabras para no dejarme nada, porque es curioso como las cosas, al contarlas, se cargan de realidad.
Quizás estas son las cosas que se explican en “el nuevo curso”, y el mío acaba de empezar. Casi sin tiempo de asimilar el cambio, me veo inmersa en él.
Y lo primero que quisiera, es dar las gracias. Gracias a mi compañero de trabajo en los últimos años y de vida desde que llegué a ella: mi hermano.
33 años de su mano, aprendiendo a leer, escribir, ir en bici, caminar por la vida guiándome por sus pasos.
Porque #LosSahuquis nacieron el 14 de marzo de 1981, porque por suerte, yo no tengo vida antes de ti, y estás en todos los momentos de mi historia.
Y me siento como la primera vez que se fue de campamento o cuando se independizó: feliz ante el cambio, el nuevo principio, pero con la nostalgia de dejar de compartir el día a día.
La vida nos ofreció la oportunidad de trabajar juntos, y creo que sin duda ha sido una de las experiencias más gratificantes que he vivido y de las que más he aprendido. Pero como está establecido, los ciclos cambian y el nuestro también lo ha hecho.
Con un arañazo en el corazón dejo lomejordealboraya y me embarco en un nuevo proyecto laboral, un nuevo comienzo y como consecuencia, un final.
Trabajar en mi pueblo, vivir día a a día relacionandome con vecinos y comerciantes que me han abierto las puertas de su casa y me han regalado un trocito de su vida ha sido un privilegio y a todos los que de alguna manera forman parte de la familia que hemos creado en Lomejordelbarrio sólo puedo deciros GRACIAS! Todos y cada uno formais parte de quien soy, y os dejo en las mejores manos posibles: las de mi hermano.

El nuevo comienzo me aparta también de Diëresis un poquito, pero también me alivia saber que no podría estar en mejores manos que en las del hombre que tuvo un sueño y el valor de apostar por él: gracias Diego por soñar, por trabajar y por no bajar nunca los brazos. Gracias por seguir ahí siempre. Por querer estar.
Y por supuesto, en este nuevo comienzo tengo que dar las gracias a un ángel de la guarda ajeno completamente a las redes sociales que posiblemente jamás lea estas palabras, pero que me ha demostrado que a pesar del tiempo, sigue viendo en mi a alguien capaz de dar un giro a su vida, que no ha dudado de mi ni un segundo y me ha brindado esta oportunidad.

Afortunadamente, mis “compañeros” José Ramón y Diego siguen estando ahí, no los pierdo. Siguen en mi día a día, y seguiremos compartiendo risas, lágrimas, cafés, cenas…porque soy trocitos de todo lo bueno que me habéis dado, y porque seguimos compañeros en la vida.
Empiezo nuevo curso, me siento como si cambiara de colegio. Pero los años y este ángel de la guarda me han demostrado que si alguien desea seguir en tu vida, se queda. Porque cuando hay un motivo, siempre se encuentra la manera.

Afronto la nueva etapa con este pequeño arañazo en el alma, pero con la ilusión de un nuevo día a día, un principio para mi y mi familia, una nueva realidad…y preparada para recibir aquello que la vida quiera darme.

A todos los que habéis formado parte de estos años, que han pasado volando, millones de gracias.
A ti, que llevas 33 años a mi lado y que eres el mejor hermano mayor que se podría desear…te veo mañana. Y pasado. Y al otro. Y no es una amenaza, es sólo que te quiero.20140722-014213-6133284.jpg

 

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Feliz cumpleaños, Paula

Feliz cumpleaños, Paula

Decimos que, cuando queremos mucho a alguien, nos roba el corazón. Quizás no sea la expresión más adecuada, quizás es que el corazón late diferente.
Y así comenzó esta maravillosa etapa de mi vida, cuando no eras más que un latido rápido y fuerte en una pantalla, un grano de arroz dentro de mi que lo cambió todo.

Me parece que fue ayer cuando miraba mi tripa inmensa preguntándome cuando saldrías, cuando vería al fin tu cara…esa sensación tan extraña de querer a alguien que ni siquiera has visto, es inexplicable.

Y ayer se cumplían 5 años de aquel día largo, y por qué no decirlo, doloroso….8 días más tarde de lo que todos esperábamos, y hasta las 6h50 del 23 de junio de 2009 no supe quien eras tú.
Jamás olvidaré ese “ya está”, seguido de un aterrizaje directo en mi pecho, y la maravillosa perspectiva desde la que te veía la nariz, más bien la adivinaba, porque me inundaban las lágrimas de emoción por tu llegada.

Cinco años maravillosos a tu lado, con grandes cambios que nos ha ido trayendo la vida, y en cada pensamiento, siempre tú.

Creía que la maternidad me llenaría de sabias palabras que decirte, pero creo que no es así, que esto se trata de aprender cada día juntas, la una de la otra. Que mi deber es educarte, pero no luchar con algunas cosas que van dentro de ti.
Me encanta mirarte cuando crees que no lo hago, escucharte jugar con tus muñecos y oírte decirles las cosas que yo te digo a ti, y darme grandes lecciones ayudándome a recordar que debo ser prudente en mis pasos, porque tú vienes detrás de mi.

Me resulta alucinante ver a personas de mi familia en ti, ver como haces muchas cosas como las hace el tío José Ramón, o los yayos…eres un pedacito de todos nosotros. De todos los recuerdos que tengo en mi vida.

Pero si de algo me has dado lecciones a tus 5 años, ha sido de adaptación. Contigo aprendí que la manera en que recibimos las cosas que nos pasan es mucho más importante que esas cosas en sí. Que una semana de hospital puede ser tan divertida como un campamento…que todo depende del color del cristal con que se mire.

No me gusta nada hacer promesas, porque las promesas cobran más importancia cuando las rompemos. Sólo puedo decirte que pondré todas mis fuerzas en enseñarte a ser una buena persona, a disfrutar de las cosas pequeñas, que son las que al final nos hacen grandes, y que hay que ser feliz sin dañar a los demás.
Que la vida no es de color de rosa (ya descubrirás que el Señor Disney tampoco está en posesión de la verdad, pero eso lo guardo para otro post).
Que te vas a encontrar con muchas cosas en la vida que no te van a gustar, y con personas que te lo pondrán difícil. Pero lo que no debes olvidar es que siempre hay en el camino personas que te darán un abrazo cuando lo necesites y que te entenderán con una mirada. Que no puedo llevarte entre algodones porque el mundo real no es así. Que la realidad a veces duele, pero que sólo el sabor amargo te ayuda a reconocer el dulce.

A día de hoy no tengo demasiadas palabras sabias que ofrecerte, pero sí un amor inmenso que espero sirva de tirita en tus peores momentos, y de
trampolín en los mejores.

Tener un motivo es suficiente para encontrar mil maneras; y contigo siempre encuentro el como.
Te quiero, pequeña. Feliz cumpleaños.

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La generosidad de ser consecuente

La generosidad de ser consecuente

“Haz lo que consideres”. Cuántas veces a lo largo de nuestras vidas oímos estas palabras, generalmente de las personas que nos quieren bien, de aquellas a las que acudimos ante dudas y dilemas morales que se nos presentan en el día a día.
Y es que cada cosa que hacemos y que no hacemos, tiene consecuencias. Porque somos trozos de personas, de las personas que pasan por nuestras vidas, y que irremediablemente, también son un trocito de nosotros.

Cada vez que la razón y el corazón entran en conflicto, cada vez que somos conscientes de que hacer las cosas de una u otra manera afecta a las personas que nos rodean y que forman parte de nuestro dia a día, llega la hora de ser consecuente. Y ser consecuente, es también un acto de generosidad.
Valorar el entorno que nos rodea, y en qué medida lo que haga o deje de hacer puede condicionar la vida y la manera de otra persona…quizás eso sea madurar.

Y eso no significa que tengas que dar explicaciones, solamente se trata de ser cauto, y de mirar alrededor con cariño, con el mismo cariño que quisieras que los demás te miraran a ti en caso contrario. Un ejercicio de empatía, de ponerse en la piel de otra persona antes de actuar. Llega un momento en que no vale el “es que yo soy así”. Felicidades por ser como eres, pero no vives sólo en el mundo, vives rodeado de personas, personas a las que estas conectado, a las que quieres y te quieren y con las que te une algún lazo. Quizás a veces no te gusta lo que oyes, porque somos tan frágiles que necesitamos un refuerzo extra, casi siempre traducido en contar lo que nos pasa para que nos digan lo que queremos oír. Afortunadamente, la vida te regala personas que te quieren de verdad, lo suficiente para sentarse delante de ti para decirte la verdad con la única intención de darte un poco de perspectiva sobre tus actos.

Y es que esto es una rueda, porque la persona que se sienta ante ti y te dice la verdad, está siendo generosa contigo. Seguramente ha sido consecuente, y ha pensado antes de hablar en cómo iban a afectarte sus palabras.

Suena tan bonito eso de “no pienses, actúa” que a veces se nos olvidan los daños colaterales. A veces se nos olvida querer bien…como queremos que nos quieran.

Afortunadamente, la generosidad también tiene consecuencias. Y quizás cuando seamos “daño colateral”, alguien se ponga en nuestra piel para minimizar los daños. Porque nunca podemos olvidar que a veces somos cuchillo, y otras somos herida.

La vida da muchas vueltas, pero tu sitio lo eliges tú.

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Con zapatos nuevos

Con zapatos nuevos

¿Conoces la expresión “estar como una niña con zapatos nuevos” para decir que estas feliz?
La verdad es que hay momentos en que me cuesta asociar unos zapatos nuevos con felicidad, porque siempre que estreno zapatos, mis pies se resienten muchísimo…

Unos zapatos nuevos, aunque sean de tu talla, siempre resultan incómodos al principio, hay que hacer que se acoplen a tus pies. Y eso sólo hay una manera de hacerlo: caminando.

Es curioso como nos acostumbramos al calzado, a esos zapatos ya gastados de los que no quieres desprenderte, porque te sientes cómodo con ellos. Has hecho mucho recorrido con ellos, se han acostumbrado a tu pie ya tu manera de caminar. Son los que te pondrías para una larga caminata.

Me cuesta pensar en hacer un gran recorrido con unos zapatos nuevos. Resultan muy duros, hacen rozaduras, y para que dejen de doler, caminas de manera extraña y todo el cuerpo se resiente con esa nueva postura. Pero cuando ya llevas un buen tramo del camino y te duele todo el cuerpo, piensas en parar y descalzarte. Crees que va a ser imposible seguir andando con esos zapatos que tanto te gustaron y tanta ilusión te hacían. Caminar descalzo puede ser aún más doloroso a la larga, porque no sabes qué depara el camino. Quizás alguien ha roto cristales cuando pasó por allí, incluso puede que en esa senda haya piedras porque a penas haya pasado alguien…no, descalzarse no es una opción.
¿Y volver atrás? ¿Vale la pena desandar lo ya recorrido? Al final el resultado es caminar hasta el punto desde el que partiste, y eso sólo te garantiza un gran dolor de pies y volver atrás, al punto de partida. Sufrir para no moverse, tampoco es recomendable.

Sólo queda seguir adelante, ir cogiendo firmeza en cada paso, confiar en que los zapatos cojan forma y poco a poco, el camino sea más llevadero. Pasos firmes que no te hagan perder el equilibrio. Las rozaduras pueden doler, pero son pasajeras y quizás en el camino haya alguien dispuesto a ponerte una tirita, a cogerte la mano ya a acompañarte para olvidar un rato el dolor.

No cambies tus zapatos nuevos por los de otra persona, porque están acostumbrados a sus pies, a su manera de caminar, a sus pisadas. Serán cómodos un rato, pero no son tus zapatos.
Para si es necesario, toma aire y sigue caminando. Siempre con tus zapatos.

Pisa fuerte, deja huella pero nunca cicatrices.
“Y a quien juzgue mi camino, le presto mis zapatos”

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Un nuevo año

Último día del año, ese día que todos dedicamos a la reflexión. Un momento para echar la vista atrás, no demasiado. Lo suficiente para ver algún momento y poder recordar qué sensaciones nos trajo.

2013 no empezaba fácil, como seguramente no lo empezara 2014. Pero es completamente humano y comprensible tener la necesidad de encontrar un pretexto para pensar que algo cambiará. Es sano llenarse de esperanza, y hacer un listado de propósitos y sueños para los próximos 365 días…más de 8.000 horas por delante. Tener un sueño es el primer paso para cumplirlo. Un comienzo.

Quizás no sea demasiado sensato dejar la responsabilidad de que las cosas funcionen en un simple calendario, sólo son números en un papel. Mi resumen del año, mi aprendizaje de 2013 ha sido una palabra que me lleva acompañando algunos años, pero que este año ha cobrado más sentido que nunca: “Todavía”. Mi hermano, José Ramón, me la repite una y otra vez. Cada vez que digo “no sé”, “no puedo”, él me hace añadir el “todavía”.

2013, te despido con cariño. Eres el año de la paciencia, la constancia. El año en que he aprendido que todo llega, cada cosa a su debido tiempo. Mantenerse en el camino, mantenerse fuerte pero sin forzar. El año de resistir, de recoger lasa piedras del camino para construir.

¿Qué nos depara el nuevo año? De momento, la emoción de un comienzo.
Creo que esta emoción en comparable a aquella sensación, cuando de pequeño alguien ponía delante de ti un bloc de dibujo en blanco y una caja de pinturas nuevas. Esas ganas de pintar, de hacer trazos sin parar.

Si tuviera que pedirle algo a 2014, sería que cada día de este año permaneciera esa sensación de 1 de enero, ese folio en blanco. Que no olvidemos que cada día hay algo que dibujar, algo que aprender.

Os deseo un 2014 lleno de ganas de dibujar, y que dentro de un año tengamos un bloc sin espacios en blanco y muchos lápices de colores gastados. Unos días con mas color, otros con menos, pero pintando todos los días.

Y por supuesto, gracias a todos los que pintáis en mi día a día. En mi bloc de 2013 os guardo con cariño, y os ofrezco las páginas de 2014.

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